¡BIENVENID@S A MI BLOG!


El objetivo de éste blog es además de dar a conocer qué servicios ofrezco como profesional de la psicología clínica, es proporcionar un espacio abierto y activo en el que poder compartir opiniones, preguntas, problemas, artículos y sobre todo: MEJORAR TU BIENESTAR.


Tú eres LA ESENCIA de éste blog y sin tí esto no tendría sentido.

Animate a comentar, revatir y valorar para que entre todos poder tener un espacio en el que aprender, conocer y respetar.


Para TODO lo que necesites:


- Sesiones terapeuticas, vía on line (SKYPE) o preguntas por email.


- Orientación laboral: cómo realizar un curriculum y sesiones preparatorias para una búsqueda de trabajo eficaz.


- Cursos de formación, clases particulares y técnicas de estudio.


Todo ésto en consulta o en tu domicilio, como más fácil sea para tí.

Finaciaciones, facilidades de pago.


Pide cita sin compromiso en luisarusvic@gmail.com


También en Facebook: Esencia Psicologia Luisa


Sígueme en Twitter: Luisa_psico


Y recuerda: "Las personas felices aceptan las cosas que no tienen remedio pero luchan por aquellas que tienen solución"

Te espero.


miércoles, 17 de octubre de 2012

SÉ TÚ MISMO, EL RESTO DE LOS PAPELES YA ESTÁN COGIDOS” (HISTORIA DE UNA PASA)


Este mundo es como un pastel de pasas. Hay muchas personas que son importantes porque configuran la masa de ese pastel, el cuerpo que lo une y lo aglutina todo. Orgullosos de serlo porque reconocen su valor, su fuerza de cohesión, la importancia de todo aquello que hacen para que la vida de todos sea como es, porque todos interactuamos con todos.

Y por otro lado hay otras personas que son las pasas. Se ven a sí mismas feas, arrugadas, pequeñas en la inmensidad del pastel y que, sin embargo, son esa parte dulce, anhelada y sorprendente escondidas en el corazón del pastel.

Yo creo que todas las personas que llegan a una terapia son pasas.

Como todas las pasas, ha cambiado su piel tersa de uva por una piel un poco dura y correosa por fuera que la primera vez que las ves, en absoluto te hace pensar que el interior pueda atesorar un sabor tan dulce.

Comenzó siendo una magnífica uva: creciendo radiante bajo el sol, llenándose de dulzura por dentro a medida que transcurrían los días. Con todo ese sabor característico que le da la tierra en donde nace y que hace que sea personal y particular para cada una de ellas.

Pero un día se desprendió de su racimo. Se desconectó del tallo que le mantenía unida con la savia que la alimentaba,…o se dejó desconectar. Se desprendió de sí misma. Y comenzó a transformarse en pasa.

Transformarse en pasa es un proceso que lleva tiempo, no todas las uvas llegan a pasas. Algunas se malogran por el camino quedando en “mala uva”. Pero llegar a pasa es un proceso elaborado, difícil y tortuoso. Y recorrerlo sin convertirse en “mala uva” es un proceso enriquecedor no exento de dureza, porque hay que vaciarse de uno mismo manteniendo dentro lo esencial.
Vas perdiendo tu ser original, vas condensando todo lo bueno dentro de ti, lo vas encerrando hasta que cristaliza convirtiéndose en algo quebradizo a la par que extremadamente dulce.

Pero este proceso tiene un precio: abandonarte, dejar de ser tu mismo y tu proceso natural para empezar a transformarte en lo que otros quieren que seas. En ese momento comienzas a vivir los anhelos que los demás depositan en ti, los interiorizas hasta creer que son tuyos.

Vivir las expectativas de los demás es mucho más fácil que vivir las propias, pero hay que pagar un elevado peaje. Cuando fracasas realmente fracasan los anhelos de los demás, sintiéndote protegido de esa manera, porque tu yo esencial permanece a cubierto. Pero en esa constante protección nuestros deseos se quedan esperando en el baúl de los recuerdos sin porvenir.

Protegidos pero llenándose de polvo, no se transforman en objetivos que nos emocionen, convirtiéndose en una pesada carga de desilusión, fuente de reproche a nosotros mismos y a los demás y llenándonos de desesperanza.

Como decía Oscar Wilde “Sé tú mismo, el resto de los papeles ya están cogidos” No intentes ser lo que crees que los demás quieren que seas, primero porque es algo que tú crees y en muchas ocasiones no contrastamos, y segundo porque seguramente lo que estarás viviendo es aquello que las otras personas quisieron vivir y no se atrevieron. No heredes los deseos de los demás y crea los tuyos propios, aquellos que te hagan sentir feliz y conviértelos en tus objetivos. Deja de soñar y comienza a actuar YA, transformando tu sueño en una visión.

(Modificación del texto publicado por la empresa Ahora+ recursos humanos)

viernes, 27 de julio de 2012

CUENTO NIÑOS- FOMENTANDO ALEGRÍA


Había una vez un muñeco de papel que no tenía cara. Estaba perfectamente recortado y pintado por todo el cuerpo, excepto por la cara. Pero tenía un lápiz en su mano, así que podía elegir qué tipo de cara iba a tener ¡Menuda suerte! Por eso pasaba el día preguntando a quien se encontraba:
- ¿Cómo es una cara perfecta?
- Una que tenga un gran pico - respondieron los pájaros.
- No. No, que no tenga pico -dijeron los árboles-. La cara perfecta está llena de hojas.
- Olvida el pico y las hojas -interrumpieron las flores- Si quieres una cara perfecta, tú llénala de colores.
Y así, todos los que encontró, fueran animales, ríos o montañas, le animaron a llenar su cara con sus propias formas y colores. Pero cuando el muñeco se dibujó pico, hojas, colores, pelo, arena y mil cosas más, resultó que a ninguno le gustó aquella cara ¡Y ya no podía borrarla!
Y pensando en la oportunidad que había perdido de tener una cara perfecta, el muñeco pasaba los días llorando.
- Yo solo quería una cara que le gustara a todo el mundo- decía-. Y mira qué desastre.
Un día, una nubecilla escuchó sus quejas y se acercó a hablar con él:
- ¡Hola, muñeco! Creo que puedo ayudarte. Como soy una nube y no tengo forma, puedo poner la cara que quieras ¿Qué te parece si voy cambiando de cara hasta encontrar una que te guste? Seguro que podemos arreglarte un poco.
Al muñeco le encantó la idea, y la nube hizo para él todo tipo de caras. Pero ninguna era lo suficientemente perfecta.
- No importa- dijo el muñeco al despedirse- has sido una amiga estupenda.
Y le dio un abrazo tan grande, que la nube sonrió de extremo a extremo, feliz por haber ayudado. Entonces, en ese mismo momento, el muñeco dijo:
- ¡Esa! ¡Esa es la cara que quiero! ¡Es una cara perfecta!
- ¿Cuál dices? - preguntó la nube extrañada - Pero si ahora no he hecho nada...
- Que sí, que sí. Es esa que pones cuando te doy una abrazo... ¡O te hago cosquillas! ¡Mira!
La nube se dio por fin cuenta de que se refería a su gran sonrisa. Y juntos tomaron el lápiz para dibujar al muñeco de papel una sonrisa enorme que pasara diez veces por encima de picos, pelos, colores y hojas.
Y, efectivamente, aquella cara era la única que gustaba a todo el mundo, porque tenía el ingrediente secreto de las caras perfectas: una gran sonrisa que no se borraba jamás.

 Gracias a Pedro Pablo Sacristán.

jueves, 19 de julio de 2012

EL SECRETO DE LA FELICIDAD




       Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad. El joven anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta que llegó a un hermoso castillo, en lo alto de la montaña. Allí vivía el sabio que buscaba.
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo. El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para que lo atendiera.


El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio y volviese dos horas más tarde.

-Pero quiero pedirte un favor- añadió el sabio entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite-. Mientras caminas, lleva esta cucharita y cuida que el aceite no se derrame.
El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas las dos horas, retornó a la presencia del sabio.
¿Qué tal?- preguntó el sabio- ¿Viste los tapices de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el Maestro de los Jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?

El joven avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.
Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo -dijo el Sabio-. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven tomó nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del Sabio, le relató detalladamente todo lo que había visto.


¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? -preguntó el Sabio-.
El joven miró la cuchara y se dio cuenta que las había derramado.
Pues éste es el único consejo que puedo darte - le dijo el más Sabio de todos los Sabios-. El Secreto de la Felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.